ENSALADA DE LECHUGA Y TOMATE

Sin duda todo el mundo sabe hacer la más sencilla de las ensaladas.

Aplicada al niño requiere una serie de pequeñas técnicas que proporcionan su aprove­chamiento integral.

Las subrayo: 1 tomate grande o 2 tomates chicos, 2 plantas de lechuga fresca, 1 1/2 cu­charadas grandes de aceite de oliva y 2 cucharaditas de jugo de limón recientemente exprimido.

Se debe preparar lo más cerca posible de su consumo.

Los to­mates deben ser pelados bajo la canilla caliente y des­pojados de sus partes duras, cortados en trozos más bien grandes.

De la lechuga se desechan las hojas externas, las internas y tiernas se colocan en trozos más bien grandes.

Se ponen en la ensaladera sin mezclarlas demasiado.

Se adereza poniendo la sal sobre una cucharada colmada de aceite de oliva, se revuelve con el tenedor haciendo rociar el aceite sobre las verduras hasta agotar la cucharada; se repone en la misma cuchara el resto del aceite y todo el jugo de limón, se sacude con el tenedor rociando la ensaladera.

Se mezcla bien y se sirve pronto.

Es mejor usar cubiertos de cuerno.

De ese modo:

a) se evita que las verduras sean vehículo de parásitos

b) que los fermentos actúen destru­yendo las vitaminas porque se evita un trozado pe­queño y se reduce al mínimo el machucado.

Se tiene así la seguridad de proveer al niño de vitamina C, en cantidad, de vitaminas A, B y 82; complejo B, vita­mina E, calcio en cantidad, fósforo, hierro y cobre, además de los componentes no especificados de los crudos.

El uso de cucharas de cuerno es para evitar el ataque del metal por los ácidos.

Está indicada desde el momento en que el niño pueda comer trozos de hojas masticándolos y es apropiadísima para embarazadas.

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